Los 10 errores más comunes en las películas ambientadas en el espacio

Confieso que me encantan casi todas las películas sobre el espacio. Incluso las malas. Pero hay ciertos errores que me molestan profundamente. Empecemos por aclarar que cuando hablo de «espacio» no me refiero exclusivamente a películas de ciencia ficción, sino a todas aquellas ambientadas fuera de la atmósfera terrestre. Sí, ya sé que si nos ponemos tiquismiquis no hay película de este tipo que resista un análisis científico serio, pero tras visionar un importante número de ‘películas espaciales’ -algunas de las cuales han requerido grandes dosis de paciencia por mi parte, la verdad sea dicha- me he dado cuenta de ciertos errores de bulto que se repiten una y otra vez. Pareciera que estos gazapos han entrado a formar parte del acervo popular y que toda película del género debe incluirlos si quiere parecer realista. ¿Cuáles son? Vamos allá.
1- ¡A la porra la primera ley de Newton!
Cualquiera que no estuviese dormido durante las clases de física en el instituto recordará la Primera Ley de Newton, también conocida como Principio de Inercia. Según este famoso principio de la dinámica, un objeto que no esté sometido a la acción de una fuerza resultante no nula permanecerá en reposo o se moverá en línea recta con velocidad constante. Dicho de otro modo, una nave espacial podrá desplazarse sin necesidad de mantener encendidos sus motores todo el rato. Que se lo digan a las naves Voyager o Pioneer, que se alejan del Sol a una velocidad de unos 17 km/s desde hace años, y eso que no cuentan con ninguna propulsión. Esto también es válido para satélites que se encuentren alrededor de cuerpos planetarios: un objeto en órbita no tiene por qué mantener su sistema de propulsión activo constantemente. Pero héte aquí que este detalle fundamental se les suele pasar por alto a los guionistas y nos hemos acostumbrado a ver flotas de naves con sus motores continuamente encendidos, incluso cuando están en órbita. Obviamente, habrá que activar los motores si queremos acelerar o cambiar de trayectoria, ¡pero es que así no les va a durar el combustible ni un asalto! Hablando de combustible, los guionistas de cine parece que no conocen la Ecuación de Tsiolkovsky, porque cualquier nave que se precie transporta propergoles para viajar casi indefinidamente.

La flota rebelde de Star Wars como ejemplo de naves con motores encendidos permanentemente. ¡Qué manía! (Lucasfilm).

2- Qué difícil es eso de las órbitas
Ya que hemos mencionado las órbitas en el punto anterior, parece que los guionistas tampoco se aclaran con este concepto. En las películas vemos como en muchas ocasiones las naves espaciales levitan a cierta altura sobre la superficie de los planetas de forma mágica. Si se trata de una producción de ciencia ficción, podemos imaginar que hay algún tipo de dispositivo antigravitatorio de por medio -lo que podría explicar casos como la Estrella de la Muerte sobre la luna de Endor, por ejemplo-, pero de no ser así estamos ante una violación clara de las leyes de la física. Otra cosa es que la nave esté situada en una órbita (geo)estacionaria, pero en muchas pelis aparecen claramente estáticas en una órbita inferior. Casi nunca vemos naves orbitando la Tierra u otros mundos como debe ser, moviéndose a la correspondiente velocidad orbital mientras la superficie del planeta se desplaza lentamente bajo la nave. Si el simple concepto de órbita circular es difícil de entender, mejor no hablamos de los otros tipos de órbitas (elípticas, parabólicas o hiperbólicas) y trayectorias. En algunas películas –Mission to Mars, por ejemplo- las naves pasan de una trayectoria hiperbólica a una órbita circular alrededor de un planeta sin solución de continuidad y sin maniobra propulsiva de por medio.

Las naves se mueven como quieren en las películas del espacio.

3- Trajes espaciales flácidos
A todos nos resulta normal ver cómo los astronautas salen al vacío del espacio exterior o a una superficie planetaria hostil tras ponerse la correspondiente escafandra espacial. Hasta aquí nada que objetar. Lo malo es que por lo general dichos trajes parecen ser eso, simples uniformes con casco y no escafandras de presión como son en la realidad. Y es que los trajes espaciales son básicamente globos presurizados con un humano dentro. La movilidad de estos trajes es muy reducida, especialmente si nos movemos por la superficie de mundos con gravedad. Pero lo cierto es que los héroes de estas producciones suelen moverse sin dificultad cual gacelas cósmicas. Solamente podríamos pasear con trajes normales -no de presión- dotados de un sistema de soporte vital en aquellos mundos con atmósferas densas. En el Sistema Solar, el único mundo de esas características con superficie sólida -además de la Tierra, obviamente- es Titán, la luna de Saturno (Venus es demasiado caliente y su presión atmosférica demasiado alta).

En ‘Mission to Mars’ vemos los típicos trajes espaciales flácidos.
Los trajes espaciales reales son mucho más voluminosos (NASA).

4- Descompresiones explosivas y cascos iluminados
A estas alturas el que más o el que menos sabe que en el espacio las descompresiones explosivas como las que aparecen en la película Atmósfera Cero (Outland) o Desafío Total (Total Recall) son una simple fantasía, pero supongo que el morbo de ver cuerpos descuartizados por la diferencia de presiones sigue siendo lo suficientemente alto como para que de vez en cuando veamos versiones de este mito en algunas películas. Pues no, el cuerpo humano no explota si la estructura de un vehículo espacial se rompe súbitamente (aunque el resultado no sería menos letal). Un error más sutil y mucho más común es el que tiene que ver con el proceso de salir al exterior de la nave. Por lo general, los astronautas se ponen sus trajes y salen por la puerta/esclusa tan ricamente. En la realidad, esta forma de proceder los habría matado o incapacitado por culpa de una embolia. La presión de un traje espacial es inferior a la presión en el interior de una nave espacial, por lo que los astronautas deben realizar un proceso de descompresión para purgar el nitrógeno de su sangre respirando oxígeno puro. Puesto que la atmósfera de un traje está compuesta exclusivamente por oxígeno, sólo podremos reducir la duración de este proceso si la atmósfera de la nave también es de oxígeno (como en las naves Apolo) o si usamos un traje rígido de alta presión. Otro detalle menor, pero que me molesta especialmente, es la manía que tienen los guionistas de incluir luces en el casco. Pero no para iluminar el exterior, no, que sería lo lógico, ¡sino para alumbrar la cara del astronauta! Entiendo que se trata de un recurso cinematográfico para reconocer al actor claramente, pero es que es tan absurdo que clama al cielo. Y lo peor es que probablemente se trata del error más extendido de todos los de esta lista. No hace falta decir que salir al exterior de una nave en medio de la oscuridad -o subir a la azotea de tu casa por la noche, ya que estamos- con una linterna apuntando a tu cara no es una idea muy inteligente que digamos.

¿Alguien puede ver con esas luces enfocándote a la cara?

5- Escapes de motores incorrectos
El error que voy a comentar pudiera parecer muy técnico, y quizás lo sea, pero me llama la atención porque revela lo poco que entendemos el espacio. Los humanos hemos evolucionado en un mundo con atmósfera, de ahí que no estemos familiarizados con ambientes donde reina el vacío. Me explico. Fíjense bien en el escape de cualquier motor cohete en una película. Parece normal, ¿no? Pues no, y de hecho me atrevo asegurar que en el 100% de las películas donde vemos motores cohete funcionando en el vacío, están mal representados. En el vacío, los gases de los motores se expanden enormememnte, alejándose de la forma más o menos cilíndrica que solemos asociar con los escapes de un motor a reacción o cohete. Pero hay más: la ausencia de oxígeno provoca que el color anaranjado de las llamas características asociadas a un escape disminuya o desaparezca por completo. El resultado es que, dependiendo de la mezcla de combustible empleada, ¡el escape de un cohete en el vacío pueda ser casi invisible!

Vídeo del lanzamiento de un cohete Falcon 9 desde una cámara situada en el lanzador. Se aprecia cómo el escape se expande y se oscurece a medida que disminuye la presión atmosférica:
Vídeo del despegue del módulo lunar del Apolo 17 desde la Luna. El escape es casi invisible:

6- Estrellas en el cielo
«¿Por qué no se ven estrellas en las imágenes de los astronautas del Apolo?», claman los negacionistas/conspiranoicos de las misiones lunares. Pues por la misma razón que no las vemos si caminamos de noche por las calles de una gran ciudad iluminada. El brillo de las fuentes de luz y de los objetos iluminados nos deslumbra e impide ver los astros. En el caso de los astronautas, por supuesto que son capaces de ver las estrellas ‘de noche’, esto es cuanto su nave pasa por la sombra de la Tierra (o cualquier otro cuerpo celeste). Sin embargo, y a pesar de la ausencia de atmósfera, ‘de día’ resulta mucho más difícil observar las estrellas -aunque no imposible- por culpa de la luz proveniente de nuestro planeta (o de la Luna en el caso de los astronautas del Apolo), ya que el contraste es demasiado intenso. Curiosamente, en las películas es habitual ver la Tierra -u otro mundo- rodeada de millares de estrellas como si fuera de noche cerrada. Si nuestros ojos fuesen distintos podríamos ver las estrellas claramente en el espacio ‘de día’, pero no es el caso.

En ‘Space Cowboys’ vemos las estrellas a pesar del brillo del satélite.
En la realidad, como vemos en esta foto de la ISS en la que aparece la Luna y la Soyuz TMA-07M, las estrellas son invisibles de día (NASA).
En este vídeo desde la ISS se aprecian las estrellas de noche:

7- Retraso en las comunicaciones
Entiendo que estamos ante otro recurso cinematográfico para hacer fluida la acción, pero lo normal es que las producciones de Hollywood no tengan en cuenta la finitud de la velocidad de la luz y el retraso en las comunicaciones que ello conlleva. Claro que una película en la que haya que esperar media hora entre frase y frase durante una conversación que tenga lugar entre un astronauta que esté en Marte y su familia en la Tierra debe ser la mar de aburrida.
8- Los problemas de la ingravidez
Resulta lógico que en la mayoría de películas ambientadas en el espacio se salten las leyes de la física a la torera y los astronautas aparezcan sometidos a un campo gravitatorio dentro de la nave, en vez de estar en caída libre. Limitaciones presupuestarias y todo eso. No vamos a armar un escándalo por ello. Resulta más curioso ver cómo retratan la ingravidez cuando lo hacen. Uno de los recursos más habituales es representar a los astronautas moviéndose a cámara lenta, como si la ingravidez ocasionase una especie de aletargamiento o debilidad muscular. Ciertamente, los astronautas se mueven a veces despacio para evitar chocar con sus compañeros o con el equipo que les rodea, pero normalmente se desplazan y realizan sus tareas a ‘velocidad normal’. Otro error curioso es la falta de precisión a la hora de representar otros campos gravitatorios. Todos los planetas y satélites -o incluso cometas, véase Armageddon– de la Galaxia tienen una aceleración superficial de 9,8 m/s2, si hemos de hacer caso a las películas.

En este vídeo vemos varios tipos de movimiento en caída libre:

9- Entradas atmosféricas extrañas
Las entradas a alta velocidad en la atmósfera de un planeta -o reentradas en el caso de la Tierra- son una verdadera pesadilla para los guionistas. No es extraño contemplar una nave que se precipita a varios kilómetros por segundo contra un planeta y que sin embargo no se calienta lo más mínimo al descender hacia la superficie. Como mucho vemos algo de condensación a su alrededor. Y luego está el extremo opuesto, entradas dramáticas en la que la nave entra en medio de una bola de fuego crepitante. La realidad es distinta. Una reentrada es un suceso tremendamente violento, ya que el vehículo debe disipar en poco tiempo la enorme energía cinética que posee al moverse a 8-11 km/s, lo que provoca temperaturas del orden de 2000º C (contrariamente al sentido común, vale la pena señalar que la mayor parte del calentamiento en una entrada atmosférica proviene de las ondas de choque generadas por la nave en movimiento, no de la fricción con el aire, pero esa es otra historia). Pero el caso es que a esas elevadas temperaturas lo que se forma alrededor de la nave es una bola de plasma, que no de fuego, con características muy diferentes a lo que podríamos imaginar si vamos al cine.

Un transbordador durante la reentrada visto desde el interior. El plasma rodea la nave y se forma una bola de color anaranjado, pero no es una bola de fuego (NASA).
La reentrada de un transbordador filmada desde su interior:

10- El sonido
Por supuesto, no podíamos olvidarnos del error más común y extendido. ¿Hace falta repetir otra vez que en el vacío no hay sonido? Señores directores, aprendan de Kubrick, por favor.
Y después de leer esto puede que te estés preguntando si hay películas espaciales fidedignas. Sí, las hay, pero muy, muy pocas. La única que evita la mayoría de estos errores es la gran 2001, una odisea del espacio, esa obra maestra de Kubrick que más de cuarenta años después nadie ha logrado superar. Apolo 13 también es una gran película espacial -que no de ciencia ficción-, aunque cae en ciertos gazapos menores, como es el caso de las estrellas en el cielo y los escapes de los motores cohete. Pero todo eso queda compensado por el hecho de que gran parte de sus escenas fueron rodadas en caída libre dentro de un avión en vuelo parabólico, por lo que es una de las pocas películas con escenas de ingravidez «reales». También merece una mención la serie Defying Gravity, que, aunque tenía un guión horroroso, era relativamente potable en estos aspectos. En definitiva, está claro que el espacio es un lugar extraño, pero tras medio siglo de viajes espaciales tripulados ya es hora de que nos familiaricemos con él.

Apolo 13, una película espacial casi perfecta.
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